Mi nombre es Ángel Alfonso Muñoz Díaz, y nací en San Adrián del Besós (Barcelona) el 24 de junio de 1958.  Cuando tenía once meses de edad mi familia se trasladó a Pulpí (Almería), donde mi padre, Ángel Muñoz, comenzó a trabajar como camionero en una empresa fundada por mi abuelo Alfonso Díaz.

Me  aficioné a la literatura cuando tenía diez años, especialmente a los géneros de novela y poesía. Con esa edad empecé a escribir relatos cortos que entregaba a mis amigos; eran esas historias por capítulos que concluían con la típica frase: «continuará».

A los quince años me animé a escribir una novela, pero a los dieciséis tuve que compaginar trabajo con estudios: por las mañanas trabajaba en un taller mecánico y por las tardes estudiaba en una academia para poder terminar el bachillerato.  Esto me restó tiempo para continuar con mi proyecto de escribir y dejé la historia inconclusa.

Casi a punto de cumplir los dieciocho años, me presenté a unas oposiciones para trabajar en una entidad bancaria, la que entonces era Cara Rural Provincial de Almería, y hoy denominada Cajamar.  Las superé, me llamaron, y en ella estuve durante cuarenta años, hasta que me prejubilé a finales de 2016. 

En mi época de adolescencia también escribí algunas poesías, que aún conservo y que quizá pronto saque a la luz.

Mi vida también ha estado vinculada al deporte, en concreto al tenis, que comencé a practicar a las doce años, convirtiéndome a partir de los treinta y dos en monitor y árbitro; más tarde incorporé también el tenis playa a mi actividad deportiva.

La prejubilación me ha permitido tener tiempo para recuperar aquella vocación que me viene desde niño: escribir. Quise continuar con esa novela que empecé a escribir siendo un adolescente, pero no encontré aquellas páginas (escritas con mi antigua máquina Olivetti Studio 45 que me trajeron los Reyes Magos), por lo que la historia que ya había comenzado a tomar forma y avanzar cuarenta y cinco años atrás, no pudo continuarse.

Pero aunque aquel primer relato quedara perdido en algún rincón que no llegué a localizar, desde 2017 hasta 2020 han visto la luz cuatro historias. La primera de ellas, Desperté, salió publicada en octubre de 2017; la segunda, La tempestad se olvidó de la brisa, se fue fraguando a lo largo de 2018 y se editó en marzo de 2019. La tercera,  Las puertas de la memoria, se escribió entre diciembre de 2018 y junio de 2019, publicándose en noviembre de este último año. La cuarta: Alguien te contará la verdad, ha sido la que más rápido he escrito (cinco semanas) Empecé con ella a mediados de marzo de 2020, coincidiendo con el inicio del período de confinamiento a causa del coronavirus, y la publiqué finalizando el mes de abril.

A primeros de mayo empecé con un nuevo relato, que llevo muy avanzado y espero publicar durante el mes de julio.