LA HUELLA

Hay algo que, sin que seamos conscientes de ello, la vida carga en nuestra mochila de andar por la vida cuando vemos por primera vez la luz del mundo. Es un libro de leyes, que contiene una tan inquebrantable que no podemos eludir por mucho que busquemos la forma de hacerlo: esa ley dice que tendremos que marcharnos de aquí algún día.

Si esto llega cuando nuestro recorrido por la vida ha sido muy largo y las fuerzas ya no permiten que sigamos andando por el camino sin flaquear, solemos admitir, aunque nos cueste aceptarlo,  que ha llegado el momento de cumplir esa inmisericorde ley que llevamos en nuestra primera y permanente mochila. Pero si esta ley se aplica a mitad de ese camino, e incluso cuando damos los primeros pasos por él, es algo que no admitirán ni aceptarán los que están a nuestro alrededor y nos quieren, aunque nada puedan hacer para remediarlo.

Somos simples mortales, que llegamos al mundo sin pedirlo y nos vamos sin quererlo, pero que dejamos la huella de nuestros actos y comportamiento a nuestro paso por él. Hay quienes, por designios inaceptables del destino o del azar, no tienen la oportunidad de estar aquí el tiempo suficiente y no pueden dejar esa huella; otros no terminan de marcarla porque son arrancados prematuramente de un camino a medio recorrer… Y también hay quien consigue llegar hasta el final.

Cómo sea esa huella va a depender de nosotros; la deja lo que pensamos, si sabemos transmitirlo; la deja lo que aportamos, si somos capaces de darlo; la deja nuestra actitud, según lo respetuosa y comprensiva que sea para con los demás; la deja, en definitiva, nuestro comportamiento y nuestros actos.Pero son otros quienes enjuician el valor de esa huella; tengámoslo en cuenta. Cuando nos vayamos de aquí, solo eso quedará, y nos recordarán por ello.  

Si al dejar este mundo nos marchamos a algún lugar desde el que se pueda percibir lo que piensan de nosotros quienes aún siguen en él, sin duda nos gustará saber que esas personas valoran positivamente la huella que dejamos, e incluso llegaremos a sentirnos felices si consideran que esta no debería ser borrada nunca. Es posible que la felicidad pueda continuar de otra forma, más allá del concepto que aquí tenemos de ese sentimiento, y que para alcanzarla cuando terminemos el recorrido diario que hacemos con nuestra fragilidad de simples mortales, dependa de la huella que dejamos en el camino.

                                               Ángel Alfonso Muñoz Díaz