LA IMPORTANCIA DEL LUNES

 Lunes

        Ese temido nombre que baja el ánimo a cotas mínimas y arranca sentimientos de hastío por la vuelta a una rutina que nos hace sentirnos esclavos de lo cotidiano y del tedio que esto suele traer consigo. No hay un día en el calendario más vilipendiado que este.
       Cuando abrimos los ojos cada mañana de uno de los cincuenta y dos lunes que suele tener el año, nos encontramos con un panorama desolador: estamos ante la puerta de entrada  a esos problemas que encerramos el viernes anterior, y los tenemos de nuevo frente a nosotros, sintiendo que nos quedan muchos días por delante para luchar, antes de una nueva tregua que se vislumbra lejana porque aún quedan bastantes páginas que pasar de nuestra agenda para llegar al viernes. Enfrentarse a esos problemas puede generar desaliento.
     Teniendo en cuenta todo esto, quizá el lunes  sea un día odioso que, aún siendo imposible, desearíamos borrar del calendario.
     Pero el lunes es algo más, algo que lo hace diferente y le confiere una gran relevancia: es el inicio de la semana, con la importancia que ello supone.
   Un inicio es el punto de partida para conseguir los objetivos que nos marcamos: el diploma en nuestros estudios, un  proyecto terminado, un éxito conseguido, la conquista de un amor…; nada se alcanza si no hay un inicio
   El inicio es la llave que arranca el motor de ese vehículo en el que todos viajamos, que es la vida. No se llega a ningún sitio sin un comienzo. Nosotros mismos no estaríamos aquí si nuestra historia no hubiera arrancado cuando sentimos  por primera vez el frío y la luz del mundo al salir del vientre de nuestra madre.
   Pero una vez que ese vehículo ha echado a andar, somos nosotros quienes lo conducimos y de quien depende en buena parte llegar a la meta que nos hayamos marcado.
    La vida es el trayecto que recorremos, a lo largo del cual nos vamos fijando objetivos. Para alcanzarlos hemos de poner rumbo a ellos sin perder de vista el camino, pero partiendo de algo que puede condicionar el lograrlo o no: un comienzo adecuado.
     Estos objetivos no tienen  por qué ser de gran envergadura; hay pequeños logros que nos aportan satisfacción emocional  y cuya suma contribuye a que alcancemos la felicidad. La felicidad no se consigue de un plumazo ni de la noche a la mañana; se va logrando en pequeñas porciones, pellizcando un poco de aquí, otro poco de allá, quizá una parte de algunas cosas…: todo suma.
    Pero para conseguir cada porción (llámese objetivo) y alcanzar el resultado final, debemos abrir  proyectos individuales. De cómo los iniciemos va a depender en buena parte nuestro éxito o fracaso, por lo que debemos elaborar previamente las estrategias que nos ayuden a llegar a la meta, una vez que iniciamos el camino.  La actitud a la hora de planificar esas estrategias puede determinar que sean acertadas o no, siendo fundamental que cuando empezamos algo lo hagamos con esa predisposición que solo el positivismo aporta, ayudándonos  a afrontar cualquier proyecto, sea material o emocional, con buenas expectativas.
  El camino a recorrer cada semana se inicia el lunes; por eso ese día tiene un significado diferente, que lo distingue del resto y lo hace especial.
  Ese maltratado lunes es la llave que arranca el motor del vehículo en el que viajamos por lo cotidiano para conseguir lo que anhelamos… ¡Vamos a llenar el maletero hasta arriba de energía positiva y girar esa llave con ilusión!  Si lo hacemos así, circularemos mejor por la vida y quizá podamos recoger a lo largo del trayecto esas porciones que nos ayudan a conseguir nuestro gran objetivo, que no es otro que ser felices.

                                                                                                   Ángel Alfonso Muñoz Díaz