La mayor riqueza del mundo se define en
tan solo siete letras: PALABRA

 Aquel que escribe habla,

y si lo hace con destreza,

conseguirá, con certeza,

transmitir su palabra.

 
Hablar no es solo hablar,

sino decir, que no es lo mismo,

porque si lo hacemos sin sentido,

solo provocamos ruido,

y nadie nos va a escuchar.

 

La palabra bien elegida

es el arma más potente,

la que no deja indiferente,

y puede abrir una herida

a quien vaya dirigida,

o curar la ya existente.

 

La palabra trae tormento,

y también tranquiliza;

es puñal o es caricia,

indiferencia o sentimiento,

insulto o poesía,

a veces risa,

y otras, lamento.

 

Es la excusa perfecta

o el compromiso que adquiero,

la voz que rompe el silencio,

la que calla la protesta;

lo que nos da fuerza,

o lo que trae desaliento.

 

La palabra provoca,

aunque también es consejo,

pero si la palabra enseña,

que no se la lleve el viento.

 

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